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Baile

Un día a la semana voy al baile de los cinco ritmos. Que es como mi ITV creativa. Suelto lastre, me sacudo la caspa mental acumulada, me alineo las energías, me conecto con la tierra por abajo y con las estrellas por arriba y me quedo lista para nuevos retos artísticos. Los cinco ritmos es lo más parecido al baile extático de los ritos femeninos que habitan en mi imaginación primitiva. Y la profesora es, como dice una compañera, la mejor ola de Londres.

Del baile salgo con los poros abiertos y el inconsciente a ras de piel. Consigo acceder a lugares vetados a una mente tensa. La creación fluye experimental y juguetona. Mi semana creativa empieza tras el baile. Y a medida que pasan los días la energía se va debilitando, el flujo se va poco a poco estancando. El día antes del baile, cuando el espíritu explorador está en su punto más doméstico, lo dedico a las tareas burocráticas.

A veces, sin embargo, el ciclo se rompe. Puede ser porque decidimos adentrarnos en nuestro lado más oscuro y bailarlo. La sala se carga, los espíritus se muestran a las más avanzadas (entre las que no me encuentro), el suelo parece levantarse. Y una energía decididamente destructiva se apodera de mi proceso creativo. Que también es un disfrute. La creación y la destrucción son como la noche y el día, se necesitan mutuamente.

Lo que no me gusta tanto es cuando la mejor ola de Londres nos endiña a la sustituta. Yo, que soy nefasta con las visualizaciones esotéricas cuando me pongo a propósito, con la sustituta no puedo evitar que me vengan a la cabeza cárceles, ratas y edificios mal hechos. Ni idea de cómo interpretarlo. Pero mucho baile místico no me inspira.

Hoy, la mujer era tan angulosa energéticamente hablando y me estaba irritando tanto, que me puse a practicar crear un huevo protector mientras bailaba. No estoy muy puesta en eso de crear huevos protectores, y en vez de blanco me ha salido rojo. No sé para qué se supone que sirve un huevo rojo. Pero yo lo usé para invocar el poder oscuro de luna nueva femenina mientras bailaba en una espiral morada mientras me repetía: “¡Aquelarre! ¡Aquelarre!”

Y funcionó. Al fin conseguí que me poseyera el caos y sacudirme lo acumulado. Empiezo mi semana limpia de nuevo. Mi extraño rito me ha dejado una sensación inquietante y muy interesante. A ver cómo se traduce al lienzo.

 

Illustración: “Baile” de la serie Percebes Feministas.

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