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Cómo influye en las personas el contexto actual

El principal síntoma del sistema actual en las personas es la pérdida de la capacidad discriminatoria. Distinguir entre lo esencial y lo intrascendente es muy difícil en la sociedad actual.

Por un lado, los medios de comunicación y la tecnología producen un estímulo rápido, constante y variado de nuestro sistema nervioso. Fisiológicamente, el efecto es de una sobresaturación mental que disminuye la capacidad de discernimiento. Percibimos los diversos estímulos, pero el valor que les atribuimos es el mismo.

Por otro lado, los medios promueven el fenómeno cultural conocido como “realidad ilusoria”. La realidad virtual en juegos o en internet, el culto a la fama, los reality show, las confesiones públicas, etc., contribuyen a la confusión entre lo real y lo imaginario. Teorías sobre qué es la realidad aparte, esta confusión entre ficción y realidad también reduce nuestra capacidad de discernir entre lo importante y lo superfluo.

El lenguaje publicitario refuerza esta confusión, ya que le permite dar importancia precisamente a lo superfluo. Además, el lenguaje publicitario habla en un futuro incesantemente postpuesto, excluye el presente y elimina toda posibilidad de desarrollo.1 Esto hace que tenga un poder paralizante en las personas, que la incapacidad de establecer prioridades refuerza.

La incapacidad de distinguir entre lo significativo y lo intrascendente que se traduce en la incapacidad de establecer prioridades, también se ve reforzada por la internalización de la especialización en los métodos de producción. La especialización en los métodos de producción, ya sea de bienes físicos o intelectuales, da prioridad al detalle sobre el conjunto, a lo propio sobre lo general. Esto hace que perdamos la visión de conjunto de la sociedad en la que vivimos y no sintamos responsabilidad por aquello que no vemos o que no experimentamos como propio. A veces incluso lo propio nos resulta ajeno. La falta de perspectiva también afecta a cómo establecemos prioridades.

El modelo de oferta y demanda también se ha extendido a todas las esferas de nuestra existencia, desde el trabajo a las relaciones familiares, sentimentales y sexuales. Las personas se ven unas a otras como productos y experimentan su vida como una inversión que debe reportarles el máximo beneficio posible bajo las condiciones de mercado existentes.2 El placer de consumir sustituye a los demás placeres.

Esta reducción en la capacidad de establecer prioridades basadas en lo que es importante y lo que no y el ver la vida como una inversión, junto con el desprecio a la racionalidad que fomenta el ideal democrático, favorecen el culto a la opinión, en detrimento del criterio basado en el conocimiento. El ideal democrático también fomentan la idea de que la racionalidad es lo normal y que lo normal es verdadero. Esta suposición es falsa.

La idea de verdad para nosotros, si no para todos al menos para muchos, es más cómoda que la idea de verdad en sí. Así, muchas veces se utiliza la opinión cuando no se tiene conocimiento. Al ser la opinión personal y subjetiva, sentimos las opiniones divergentes como ataques personales. Por influencia del ideal democrático, tendemos a valorar todas las opiniones por igual, estén o no basadas en criterios bien fundados.

Sin embargo, a pesar de que encajamos en el sistema sin fricción, también somos conscientes de que las condiciones sociales son injustas. Esta contradicción hace que nos sintamos impotentes. Lo que somos y lo que nos gustaría ser no coincide, ni cuando vemos la injusticia a nuestro alrededor ni cuando nos creemos el mensaje publicitario.

A veces esta contradicción nos impulsa a la acción. A menudo continuamos sumisos. Un carácter sumiso es un carácter mutilado, encaje o no con las necesidades del sistema.3


  1. Berger, J. (1972). Ways of Seeing. London: BBC and Penguin Books. p. 153: “Publicity, situated in a future continually deferred, excludes the present and so eliminates all becoming, all development. Experience is impossible within it. All that happens, happens outside it.”
  2. La idea del capitalismo formando el carácter de la gente se puede encontrar en Fromm, E. (1995) The Art of Loving. London: Thorsons, p. 67. “Modern Capitalism needs men who co-operate smoothly and in large numbers; who want to consume more and more; and whose tastes are standardised and can be easily influenced and anticipated. It needs men who feel free and independent, not subject to any authority or principle or conscience – yet willing to be commanded, to do what is expected of them, to fit into the social machine without friction; who can be guided without force, led without leaders, prompted without aim – except the one to make good, to be on the move, to function, to go ahead. […] What is the outcome? Modern man is alienated from himself, from his fellow men, and from nature. He has been transformed into a commodity, experiences his life forces as an investment which must bring him the maximum profit obtainable under existing market conditions.”
  3. Para más sobre la idea del carácter sumiso como carácter mutilado ver Fromm, E. (1981) Sobre la desobediencia.
    Barcelona: Paidós, p. 27.

El mundo del arte en el contexto actual forma parte de El arte comprometido, mi trabajo de investigación para el Máster en Bellas Artes de Central Saint Martins College of Art and Design en Londres en 2007.

Todos los artículos de El arte comprometido:

  1. Introducción
  2. ¿Qué es arte?
  3. La función del arte en la historia
  4. El contexto actual
  5. Cómo influye en las personas el contexto actual
  6. El mundo del arte en el contexto actual
  7. La figura del artista
  8. El arte comprometido

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