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Mirones reprimidos

A los artistas nos suelen hacer pintar modelos desnudas para aprender anatomía. Normalmente son mujeres. Cuando preguntamos, normalmente las mujeres, por qué no nos ponen a un hombre, una de las excusas es que puede tener una erección y no es plan. Los penes erectos han sido desde la antigüedad símbolos de fertilidad, y aparecen mucho en el arte de ciertas culturas y ciertas épocas. Las vulvas también. No sé si se conoce si posaba alguien.

A mí la fascinación por los cuerpos desnudos y por los órganos sexuales me parece de lo más normal y saludable. Al fin y al cabo es una manifestación de uno de nuestros instintos más potentes. Y en realidad somos eso, cuerpos, aunque luego nos tapemos con ropa.

Entiendo que en el arte se pinten mujeres desnudas, entiendo menos que no se pinten tantos hombres. Entiendo poco una de las mayores dictaduras estéticas de las mujeres: el sujetador.

Pensando en todo esto se me ocurre que lo de parir tumbada se hace desde que las comadronas fueron sustituidas por hombres asistiendo al parto. Y en una época muy puritana. Yo parí de pie, con la ayuda de tres magníficas comadronas que no parecieron sentir la necesidad de ponerse debajo a observar. Y no por falta de rigurosidad, porque comprobaban el estado de mi bebushka sistemáticamente después de cada contracción con un aparatito. A mí me molestaba tanta medición, y me preguntaba si realmente era necesario comprobar tanto.

¿Y si los motivos por los que las mujeres paren tumbadas no son nada médicos? ¿Y si se trata del placer oculto de unos mirones victorianos reprimidos que con el tiempo y la inconsciencia se ha convertido en la norma? Una mujer pariendo de pie es una imagen poderosa, una mujer tumbada en una cama de hospital no lo es tanto. La primera es dueña de sí misma, la segunda está a merced de otros. Como las posturas de las modelos. Pocas veces son poderosas, suelen ser más bien sumisas.

Ya lo decía John Berger cuando hablaba del arte del renacimiento, los hombres que se sentían impotentes en asuntos e intrigas de estado encontraban consuelo en rodearse de cuadros de mujeres desnudas. Por lo menos así podían sentirse superiores a alguien. Echando un vistazo a nuestro alrededor, tampoco parece que hayamos avanzado tanto.

 

Illustración: “Seductora” de la serie Percebes Feministas.

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