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Muso y fútbol

Mi muso de pequeño era con diferencia el que mejor jugaba al fútbol de su clase. Un día después del cole, le dijo a su madre que le daban pena los que jugaban mal al fútbol porque nadie les quería nunca en su equipo. -Pues si te dan tanta pena, la próxima vez elígelos tú -contestó ella.

A la siguiente oportunidad, cuando a mi muso le tocó formar equipo, eligió al peor de la clase primero. Todos pensaron que se había vuelto loco, incluido el elegido. Y el otro capitán eligió, como era de esperar, a uno de los buenos.

Después mi muso eligió al siguiente peor. Nadie entendía nada. El oponente, contento, siguió eligiendo a los mejores. Y mi muso, a los peores. Al final se enfrentaron el equipo de los peores, liderados por mi muso, y el equipo de los mejores, liderados por el otro capitán. Y el equipo de mi muso ganó.

El poder que nos da la confianza de los demás mueve montañas. Los peores jugadores de fútbol de la clase decidieron estar a la altura de la confianza que depositó en ellos el mejor jugador. Al elegirlos les estaba diciendo que podían, y pudieron.

Por eso debemos deshacernos de los malos líderes, porque el mero hecho de que estén nos hace a todos un poco peores.

 

Illustración: “¡Mía!” de la serie Percebes Feministas.

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