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Tú, fascista (o la santa trinidad de la manipulación)

1: lienzo forrado de tela ignífuga. 2: acrílico y carboncillo sobre lienzo. 3: hilo negro y barniz sobre lienzo. 2003
1: lienzo forrado de tela ignífuga. 2: acrílico y carboncillo sobre lienzo. 3: hilo negro y barniz sobre lienzo. 2003

Tú, fascista (o la santa trinidad de la manipulación) es una instalación de tres lienzos y un papel explicativo con texto ininteligible en la que exploro cómo funciona la propaganda en sociedades democráticas supuestamente libres. Cada lienzo representa una herramienta de manipulación social.

El primero es la excusa, dios, la creación de ideales. Conceptos por los que luchar y a los que aspirar, como la nación, la raza o el proletariado. Que no se sabe muy bien si existen, pero en cuyo nombre se mata y se muere.

El segundo es el método, el espíritu santo, el medio y el mensaje del dogma. La creación de un subconsciente sumiso a través de la educación, la publicidad y los medios de comunicación.

El tercero es la represión, la virgen, el sexo asexuado, los instintos que se reprimen en nombre de la civilización. Una persona desconectada de sus propios instintos no es feliz. Las personas infelices son más fáciles de manipular.

El miedo y la autocensura como herramientas de sumisión social

Tú, fascista está inspirado principalmente en tres libros: The Mass Psychology of Fascism de Wilhelm Reich, El miedo a la libertad de Eric Fromm y Manufacturing Consent, de Noam Chomsky y Edward S. Herman.

El título está inspirado en la idea de Reich de que, por adoctrinamiento social, todos tenemos elementos fascistas en nosotros, y que por eso funciona la propaganda. Para Reich el fascismo es una combinación entre emociones rebeldes e ideas sociales reaccionarias. Y surge por la contradicción entre nuestros valores ideales y nuestro comportamiento real. Es decir, por un lado vemos la injusticia social, que genera rebeldía e inspira actitudes revolucionarias. Pero por otro, como hemos crecido en una sociedad represiva y autoritaria, tememos no sólo a la autoridad, sino también a la libertad y al cambio. Una de las principales herramientas de sumisión, que se perpetúa de generación en generación, es la represión sexual, sobre todo en mujeres, niños y adolescentes. Se hace en nombre del honor, la moral o la cultura, pero tiene el efecto de mermar el sentido crítico de las personas. En nuestra sociedad, ser realmente libre y sexual se asocia a sentimientos de miedo y culpa.

También Fromm, en sus libros El miedo a la libertad y El arte de amar, habla de las consecuencias del pensamiento mecanicista y del miedo al cambio y a la libertad. Según él, comparamos nuestro cuerpo con una máquina y nuestras relaciones las vemos como transacciones en las que el amor es una inversión. Pero este tipo de pensamiento no es natural, es consecuencia de las necesidades de una sociedad de producción masificada y de mercado. Una persona sin sentido crítico y con miedo al cambio es sumisa. Una persona sumisa es una persona mutilada, aunque encaje perfectamente en un sistema productivo determinado.

Impresión de tinta en papel A4.
Explicación de la instalación.

Entre Reich y Fromm me dejaron claro que estamos reprimidos y amedrentados. Pero además es obvio que no es así como la mayoría se ve a sí misma. Así que además, vivimos engañados. Y eso en una sociedad que es supuestamente libre.

Para que no nos rebelemos conviene que no creamos que haya motivo. Pero motivo hay. El libro determinante a la hora de entender cómo se puede manipular a la opinión pública en sociedades democráticas con medios de comunicación que se proclaman libres fue el de Chomsky y Herman, Manufacturing Consent. En Manufacturing Consent se explica cómo los medios son instituciones ideológicas que por principio apoyan al sistema que las sustenta. Si son públicos porque dependen del gobierno, si son privados porque dependen de la publicidad, es decir, del mercado. Los trabajadores de todo medio saben muy bien qué pueden publicar y cómo si quieren mantener su trabajo. Es decir, se autocensuran.

Puedes leer más sobre por qué empecé a explorar el tema de la propaganda política en Consumismo para desviar de la política. Un texto sobre cómo Bernays, sobrino de Freud, inventó el marketing como reacción al fascismo.

Otras obras inspiradas por la propaganda:

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