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Calabazas, arañas y memento mori

Acabo de entender que Halloween es un memento mori. Me han ayudado las arañas. Aquí en Londres, cuando se va aproximando esta fecha, se llena todo de arañas. Las arañas de mi infancia eran enanas, pero aquí en Londres son gordas y se ven muy bien. Además tienen unas telas enormes y trabajan rápido. De la noche a la mañana puede haber una tela atravesando la entrada, y como te despistes, se te pega a la cara y te llevas a la inquilina de polizona.

A mí las arañas me gustan, y los murciélagos y las brujas también. Lo demás no tanto. Me parece interesante la paleta negra y naranja cálido. Los colores de la privación. El naranja es el color de la tierra seca en la sequía, y combinado con negro le recuerda a nuestro cerebro antiguo el peligro del hambre. El naranja en sí es un color que une las emociones del amarillo con lo físico del rojo. Y representa lo juguetón y la abundancia.

Estoy convencida de que todo en la naturaleza es así, complementario. Y en la vida también. No se puede sólo inspirar o expirar, hay que hacer ambos, y en orden. El naranja puede representar la privación y también abundancia. Que son, en cierto modo, opuestos. No es polar, son dos caras de la misma moneda. Y se alternan. Es cíclico, como la luna. Como todo. Incluso como nuestra manía de volverlo todo lineal, que también es cíclica.

Hoy estaba en casa de una amiga decorada con calaveras de colores. La casa, no mi amiga. Y me venían cuadros a la cabeza. Los de Frida Kahlo, los del renacimiento con sus calaveras con o sin libros, en la mesa, o en la esquina. O de frente pero no, como en los embajadores de Holbein. Creo que he comprendido, al fin, la fiesta de los muertos. A nivel celular y con las neuronas del estómago. Gracias al arte.

 

Illustración: «Memento Mori» de la serie Percebes Feministas, 14 x 9 cm, 2015

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