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Enemigas del buen arte

Una vez un señor dijo que no había peor enemigo del buen arte que un carrito de bebé en el pasillo. Ese señor obviamente no había reflexionado mucho en la vida y desde luego desconocía los mecanismos mentales de sus propios prejuicios. Porque, a poco que se rasque, se da una cuenta de que el carrito es sólo un símbolo. Para ser más exacto debería haber dicho que no le gustaban los niños, o las madres, o ambos. Que le resultaban incompatibles con el buen arte.

Hay que ser memo. Sin niños, vayan o no en carrito, no hay humanidad. Decir que algo tan importante como el destino de la humanidad es incompatible con el arte es absurdo. Sólo sirve para demostrar la estrechez mental del que lo dice, y su ignorancia. Sin embargo, por desgracia, tal estupidez no es anecdótica ¿Por qué está tan extendida la opinión de que la maternidad y la niñez están reñidas con las cosas serias? ¿Existe algo más serio que la continuación de la especie? ¿Por qué a estos señores (porque suelen ser hombres) no les gustan los niños? No digo que un niño petardo sea compañía deseable en una galería, ni en ningún sitio. Pero es por petardo que es indeseable, no por niño. Igual que los adultos, los hay insoportables y los hay magníficos.

A veces, leyendo a algún filósofo de ésos importantes que nos definen la trayectoria cultural, he pensado que cómo se notaba en sus teorías que tenía criada. Porque si hubiese sido autosuficiente habría entendido mucho más de las cosas básicas de la vida y no habría formulado teorías tan cojas.

Ahora entiendo cuánto nos fastidian esas teorías tan mal estructuradas. Crean una base falsa que permite a un hombre tiritar de grandeur artística ante un cuadro de una virgen con su cristo rechoncho (al fin y al cabo un cuadro de una madre con su bebé) y a la vez despreciar a las madres y a los bebés reales. Y quedarse tan pancho.

Contradecirse es humano, lo sé. Incluso diría que es una de nuestras facetas más interesantes. Y la practico a menudo. Pero con conocimiento de causa. Ignorar que nos contradecimos es simplemente no saber de qué estamos hablando. No se puede reflexionar sobre lo profundo y lo importante sin plantearse primero lo esencial: el instinto de conservación y el de reproducción. Con todos sus participantes en todas sus etapas. A partir de ahí se construye lo demás.

Enemies of good art es un grupo de artistas, comisarios y relacionados que se plantea la invisibilidad artística y otras complicaciones derivadas de ser artistas y ser madres. He estado en su reunión. Hablamos de temas que llevan mucho tiempo siendo un problema, pero que no siempre lo serán. El mundo del arte no puede permitirse dejar tanto talento fuera. Porque, parafraseando a las Guerrilla Girls: cuando el racismo y el machismo dejen de estar de moda ¿qué valor tendrá tu colección?


Ilustración: «Mamá, yo también quiero la regla», de la serie Percebes feministas.

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