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La magia de las palabras

Tratar de atrapar lo que no se consigue explicar en un palabro complicado pretendiendo que los únicos que no lo entendemos somos los demás no es nada científico. Sin embargo es una costumbre muy extendida. Quien lo nombra se apropia el concepto. Aunque éste haya existido desde que el mundo es mundo. Las trompas de falopio, por ejemplo, existían antes de que naciera el señor Falloppio y siguen existiendo a pesar de que Gabriel muriera en el siglo XVI. El pobre Falloppio ni siquiera tuvo trompas de ídem. A pesar de haber ido a la mejor escuela de medicina de la época.

Ahora por lo visto ya no las llaman así. El lenguaje científico es muy interesante. Es como literatura pero sin que les exijan a los científicos saber escribir. Por desgracia. Así sale lo que sale. A veces sospecho que no se entiende lo que escriben algunos no porque el tema sea complicado, sino porque no saben escribir. En mis momentos más cínicos pienso que algo se considera científico simplemente cuando se ha conseguido describir con palabras. Lo que no se ha logrado describir no se considera científico.

Escuchando un programa de filosofía de la radio sueca donde hablaban unos científicos sobre el Big Bang, me llamó mucho la atención cuando el presentador les preguntó: “Pero vosotros ¿entendéis realmente esto que me estáis explicando?” Y los científicos respondieron: “No, simplemente nos acostumbramos”. A mí me pasa a menudo. No entiendo, me acostumbro.

También se puede entender algo sin tener palabras para ello. Las palabras son como vehículos de transporte del conocimiento, no el conocimiento en sí. Ciertos tipos de conocimiento necesitan las palabras más que otros. No defiendo el lenguaje inexacto. Precisamente por eso me molesta esta especie de dependencia de la palabra para explicarlo todo. Porque si hay que ponerle a algo una palabra por narices, corremos el riesgo de ponerle la palabra equivocada. Es como la gente que quiere estar contigo porque no soporta estar sola. Amigos no son. Lapas realmente tampoco. Podemos buscarles un nombre, pero mejor librarse de ellos y no perder más el tiempo.

Yo, como toda artista defensora de lo artístico que se precie, promuevo el uso del hemisferio derecho del cerebro. Con lo cual, lo lineal no siempre sale ganando. Sólo cuando conviene por cuestiones compositivas. En cualquier número de dimensiones. Y explicar con palabras una obra de arte es imposible. Se puede sugerir, interpretar, describir. Y menos mal. Porque si se pudiera explicar con palabras ¿por qué pintar un cuadro o hacer un vídeo o una performance? Pues eso.


Illustración: «¿Cuándo sale mamá?» de la serie Percebes Feministas.

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