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Lo que une el váter

He estado en dos templos. Pero he de confesar que no recé en ninguno. Al primero, la tienda Apple en Covent Garden, fui porque tiene unos servicios mac. Blanquitos, inmaculados, donde se mea por infusión espiritual. Siempre que voy me pregunto quién los limpia. Si son los megaguais de la manzana que te cobran sin caja o si son los de siempre, la trastienda del sistema operativo social, los sin glamour.

El segundo templo fue la White Cube de Bermondsey. Cuando entré en el servicio tuve un déjà vu. La misma empresa debe de diseñar los servicios de culto contemporáneo. Sé que es a propósito, que tanto Apple como la White Cube (por algo se llama la galería como el libro) aluden en sus diseños a los templos. Y ambos albergan objetos de culto. Lo que no me convence es que se secularice la sociedad por un lado y nos la vuelvan a enreligiosar por otro. Me gusta más la idea de ponerle perejil a un santo kitsch que rezarle a iTunes. Aunque ambos estén hechos en China y ambos tengan wi-fi. Bueno, en realidad, siendo minimalista, no me gusta ni lo uno ni lo otro.

Tampoco me gustó la exposición de la ICA de arte político, feminista y gay. No entiendo por qué siempre los mezclan. La parte gay no tenía mucho problema. Iba de representar lo poco representado. Pues bueno. La parte política y feminista peor. Ahí sí que hay un problema. Es el conflicto de la forma contra el contenido.

En arte, la forma siempre gana al contenido. Si el contenido es de protesta y la forma es convencional, la obra es convencional. Si la forma es contestataria la obra es contestataria, pero el contenido no se entiende, aunque sea convencional.

De ahí que el arte que se denomina político normalmente no funcione. Porque al querer que se entienda el mensaje, la forma tiene que ser cómoda y si es cómoda es porque está muy vista. Y esa fue la impresión que me dio, que estaba muy vista aunque no la hubiese visto nunca. Por eso tuve que ir a otra galería, por la sensación de no haber visto nada. Pero la White Cube, aparte de una ilusión óptica de Galan logradísima, tampoco tenía gran cosa. Y ya no busqué más. Lo insustancial satura.


Ilustración: «Bien, gracias», de la serie Percebes feministas.

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