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Los grandes almacenes del conocimiento

Dijo Mary el otro día en la British Library: “Me gusta el ascensor, es como en unos grandes almacenes, que te dice qué hay en cada planta” ¡Bing! tercera planta: mapas, bestiario y complementos  ¡Bing! segunda planta: peleas, estados, imperios y reparto a domicilio ¡Bing! primera planta: filatelia, carta magna y cafetería.

Llegué temprano y almorcé con la bebushka en la cafetería. Bueno, yo almorcé y ella se dedicó a tirar trozos de plátano al suelo. Es decir, lo de almorzar tampoco merece el nombre, pero en fin, no me voy a poner existencialista culinaria. Me llamó la atención que todos parecían idos, como si estuvieran en otra parte. Estarían, probablemente no sólo en otra parte, sino también en otras épocas.

Deberían abrir sitios públicos para los solitarios con portátil, o expandir las cafeterías. Me quedé con hambre porque no supe cómo llevarme a la bebushka a la cola otra vez sin armar demasiado lío.

Quedé para ver una exposición sobre arte y ciencia. A mí desde que leí un libro sobre Einstein en el que explicaba su proceso científico me parece que el arte y la ciencia están mucho más relacionados de lo que parece por fuera. No son opuestos. En ambos hay que visualizar un resultado antes de que exista, ambos requieren creerse que ese resultado es posible y luego encontrar el camino de llegar a él. Cada uno con sus leyes, debe ser fiel al proceso y a su propia disciplina, si no ni es ciencia ni es arte. De ciencia no voy a hablar, porque como mucha gente me quedé en Newton, aunque haya leído sobre algunas teorías más modernas.

Pero de arte sí puedo hablar. Aunque de la exposición de la British Library no, porque aunque fui hace tres días no me acuerdo. Que dice mucho. Me acuerdo de un comentario en una de las piezas, pero no por artístico sino por cósmico. Se preguntaba la artista si todo el conocimiento que producimos se muere al morir el universo y si renace otra vez cuando el universo renace, si es que renace. Si es cíclico, vaya. Se crea el universo con el big bang, aparece la vida, la vida monta bibliotecas, añade contenidos (eso si es vida civilizada, si no se dedica a destruirlos), el sol se apaga, la vida y las bibliotecas desaparecen, se junta todo de nuevo y ¡bang! Otra vez comenzamos…


Ilustración: «Me tengo que sentar», de la serie Percebes feministas.

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