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Madonna del cinquecento con gafas a lo Pollock

Pues eso, que iba a comprobar el suministro porque estaba haciendo el tonto la Bebushka y ¡chof! Se me han llenado las gafas de leche. Ahora veo el mundo a lo Jackson Pollock. Dicen por ahí algunas lenguas (que no sé si serán malas), que él comenzó a pintar sus famosos lienzos en horizontal chorreando la pintura encima porque tenía un estudio demasiado pequeño como para poner el lienzo en vertical. Será. Lee Krasner ya iba encaminada por esos lares también.

Les imagino en la cena comentando abstracteces. Igual hasta se les ocurrió en un desaguisado expresionista del ketchup sobre la mesa. Es que eran americanos, lo digo por lo de comer con ketchup, no por el desaguisado, que eso es en política exterior.

Las madonnas del cinquecento, o del quattrocento, o de cuando sea, atinaban mejor que yo. Un sábado reciente fui a la National Gallery. No iba buscando madonnas, íbamos mi muso y yo buscando inspiración. A ver cómo los clásicos iluminaban sus cuadros para ver si podíamos copiarles con la cámara ¡Je! ¡Qué ilusos! Para eso el arte es arte, artificio y realidades alternativas y las fotos son fotos y los focos, pues focos. Y nosotros todavía bastante patatos con la iluminación.

Bueno, hablo por mí, soy patata suprema, por eso lo hago todo con luz natural. Mi muso anda mucho más ducho en el tema, no voy a meterle en el mismo saco. Cuanto más antiguo el cuadro más pictórica la luz. Yo quería ver La virgen de las rocas, de da Vinci. No para copiarle la luz, que sé que no puedo. Sino porque me encanta. También porque el Flagmeister nos había dicho que saludáramos a da Vinci de su parte cuando le dijimos que íbamos camino de la National Gallery.

Coincidió que medio museo estaba cerrado por una huelga, así que no la pude ver. Tampoco pude ver otro de mis cuadros favoritos, San Joge cargándose al teleñeco. Es medieval. Lo digo como referencia cronológica, no como calificativo. Es que en el medievo se dedicaban más a matar dragones que ahora. Es un cuadro cachondísimo.

Yo también tengo un estudio pequeñísimo. Es más, no está ni siquiera entero. Es un estu. Y una asistenta de once meses que se empeña en reorganizarme los libros y en comerse toda obra que esté a su alcance. Con éstas igual un día se me ocurre lo de poner el lienzo en el suelo, versión contemporánea, digo.


Ilustración: «Chula», dibujo de la serie Percebes feministas.

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